-No hace falta mas que un reencuentro,
para volver perfecto el mundo,
aun que sea un instante.-
Un domingo cualquiera,
perezoso y reparador.
lluvioso y pacífico,
era una tarde de junio.
Y ahí me crispaste el destino,
vos y tu sombrilla azul,
bajo el pórtico de mi casa,
bajo el pórtico de mi casa,
con un libro bajo el brazo,
ganaste mi imaginario.
Cómplice, armatoste de
aluminio y nylon azul,
nos mantuvo abrazados,
a lo largo de aquel
menudo convite.
-Fiesta de San Antonio.-
Perdiéndonos en nuestras
miradas marrones.
Nuestra metrópolis de piedra,
fue testigo aún fugaz el momento.
Intercambiando pasados,
mancomunando futuros,
de las manos tomados,
con aquella ilusión
que genera el amor
de reencuentro.