Y es que a veces la ausencia de alguien querido, la rutina y el hastío van cavando poco a poco y esas personas te hacen tanta falta, hasta que te dejan de faltar. Aún queriéndolos extrañar y forzando la nostalgia para que sea como antes, ves que nada es igual, que aún sigues extrañando, pero no de la misma manera, no de la misma forma y no con el mismo propósito.
Sin mayor preludio, como suele ser usual en este remanso digital, donde brotan mis ideitas e ideotas, les comparto el siguiente texto.
