Todo bien necesita, su mal, su sacrificio, todo dios necesita su demonio, si no de que forma hallar el propósito de las cosas?
Dentro de las elementales cosas de la vida del hombre esta el obrar, bien, mal, trascendente o intrascendente mente, sin embargo cada acción parida por el vientre creativo, lleva su perdida, su sacrificio, su moneda de cambio. La primera pérdida de la vida, es perder la comodidad del vientre y aventurarse a vivir...
Haciendo un balance débil, sin recapacitar mucho, solo hay que darse cuenta de las cosas que hemos sacrificado por lo que queremos, tal vez vana o pasajeramente, para darnos cuenta que en esta vida siempre tenemos que perder para ganar. Ya que sin esa simple retrospectiva de la vida ni siquiera nos damos cuenta de las cosas que hemos ganado, a base de esfuerzo y sudor, pero no es el caso pensar en que ya hemos ganado, si no en las cosas que no hemos sacrificado?
Cuantas veces dejamos pasar el tren de las oportunidades, por miedo, por el que dirán, por que pensamos que estamos bien cuando claramente soñamos con estar mejor? cuantas veces perdemos, nos vencemos, esperando a que llegue la muerte y nos recoja en sus brazos, con la idea de que nuestra vida fue cómoda, sedentaria y claramente creímos tener todo, mientras no dejamos ir algo, para que en realidad podamos darle un toque de realidad de vida a nuestras vidas, creemos que llegamos al éxito, a la meta, cuando nuestra vida entera es toda la carrera y la muerte es la meta. Cuantas veces no sacrificamos nuestro confort, nuestras inseguridades y lo mas vano de esta temporal estancia a la que estamos sometidos porque no queremos perder para ganar?
No nos damos cuenta de que el pan llena el estomago si lo comemos, pero que llena el corazón si nos lo merecemos, nada esta de gratis en la vida, puede que nuestros padres, nuestros trabajos y incluso el estrato social nos lleven ya la comida hasta masticada para que nosotros solo la traguemos, como una sanguijuela, que mientras sacía sus necesidades físicas y sociales, deja morir de inanición su moral, con valores desnutridos y una bulimia del alma, que solo consume y devuelve, sin alimentarse, simplemente para encajar en lo que cree que es la apariencia deseada, cuantas veces alimentamos el alma y no el corazón?
Cuantas veces hemos sido víctimas de una ambición material, y hemos sido victimarios de nuestra ambición moral y espiritual, porque no perdemos para ganar...
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