Creo que llega un momento donde nos toca padecer una lección dura que nos levanta o nos quiebra. Uno de esos momentos llego a mi vida a finales del mes de febrero e inicios del mes de marzo, cuando estuve hospitalizado por problemas cardíacos derivados del estrés. Gracias a Dios logre superarlo, no solo, pues más que nunca sentí el aprecio de mi familia y amigos más cercanos.
Durante esa larga estadía (casi 20 días), la limitante de que hacer con mi tiempo fue un digno adversario que vencí de la mejor forma que pude, leyendo y cuando fue posible escribiendo. Llegando a utilizar mi humilde teléfono para escribir uno que otro texto, que sin razón en particular hoy les comparto.
Les dejo estos dos micro textos:
Conducta Adquirida
La conducta humana, es una maraña de misterios, costumbres heredadas y búsquedas infructuosas de una auto realización por momentos estable aunque efímera ya que siempre habrá algo más en la lista; dicha auto realización cambia su rostro con el paso del tiempo, constantemente, al son del destino.
La subjetividad de las realidades personales, esta sujeta a las decisiones que nos puedan llevar a la felicidad en ese período de tiempo. Creo que la vida no depende del destino al que nos dirijamos, sino de hacer el viaje de la forma mas honorable y memorable que nos sea posible hacerlo.
Pavimentando ese camino para generaciones futuras, a través del peso de la experiencia, la ética y la bonhomía.
Relatos de Hospital
En los cálidos días de la naciente cuaresma guatemalteca, me hallaba yo en esa antigua casona, con el paso de tantos años, hospital ya veterano. La contradicción de la estructura en la que me hallaba postrado, me resultaba incomodamente fascinante, el colchón parecía de piedra y el armatoste metálico de la cama una de esas gelatinas a medio cuaje. Al más mínimo movimiento, todo temblaba, con un estornudo la cama se hacía hamaca.
Allí entre los quejidos de unos, las sonrisas de otros, me hallaba yo, pensando, haciendo cuentas de como este corazón necio, quería seguir corriendo aún cuando hoy por hoy yo no podía mantener el ritmo.
No es el fin es el principio, las razones las sabía bien; es destino de viejo y no de joven, pero caí en una espiral de monotonía y estrés producto de no hacer lo que me gusta, esclavo de las divisas, que bien o mal palean mis deudas.
Dejando mi escaso contacto social encerrado en un dominio .com, el tiempo que compartía con mis seres cercanos, se resumían a festines, como aquellos cuando se recibe a un amigo ausente por mucho tiempo(cosa que parecía lógica). Ya se habían acostumbrado a mi ausencia, el mero hecho de tenerme junto a ellos era motivo suficiente y válido para celebrar.
La comida, la cerveza y la joda, tanto en tan cortos períodos de tiempo pasó factura.
Y huí, huí, estando encerrado. sin más testigo que un puñado de ancianos, uno que otro muchacho infortunado como yo, ahí fiel testigo fui a los clamores, al buen humor de unos y la introspectiva de otros. Ahí fue donde decidí marcharme lejos de esa vida que solo sufrimientos me ha acarreado, como decía aquel sketch de un programa cómico de TV, prefiero estar pobre pero contento.
Los días me dieron la razón y mi cuerpo se fortaleció, así también mi determinación. Llegando la mitad de la cuaresma comprendí que la vida es un mar, muchos vagan a la deriva por eso nunca llegan a donde quieren, otros se mueven más de lo que nadan por eso se ahogan, si quieres llegar a buen puerto es una cuestión de esfuerzo, voluntad y coordinación.
Estaba listo para salir.