Triste el bandoleón llora,
agazapado en un rincón,
aquella duela hoy esta de duelo,
perdió el brillo, más no el recuerdo...
De la tertulia, del galanteo,
de los amores, de las peleas,
las borracheras y las confidencias.
El piano habla un tanto más golpeado,
un tanto más ronco;
el polvo corona los muebles,
el vino no tiene con quien brindar,
quizá por capricho se guarda con el tiempo,
esperando por los enamorados en aquel,
bodegón.
¿Cuales enamorados?
A caso estás ciego,
anda y llama a tu copa compiche camarada,
celebremos por los viejos,
que tantos años han tenido esta barraca.
Por los surcos en sus manos,
por el charol en sus calzados,
porque bailan el tango de la vida.
La vieja con aquellos ojos de amor añejado,
aun suspira por el pasado y el futuro,
pero aún más suspira por su viejo.
Aquel pibe imperfecto,
padre, abuelo y compañero,
aquel galán de antaño,
que con guitarra en mano,
hizo destino mancomunado.
El viejo, que aún baila erguido,
tomando de la cintura,
a la muchacha que lo embrujó,
aún la conquista, aún baila,
aun comparte con su vieja.
Aquella morocha caprichosa,
madre, abuela y guardiana,
aquella flaca de ojos negros,
que salió por el pan y
regreso por melodías,
de futuros compartidos.
Brinda hoy, brinda por
aquel bar arrabalero,
que ha visto besos más sinceros
que los de la parroquia de la esquina.
Brinda por aquel último tango,
en aquel barcito de La Recoleta,
que hoy la guitarra ha callado,
y la vieja llora sola,
suspirando junto al bandoleón....
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