El mar de arboles,
paraje infinito;
surcando olas de roca y tierra,
vasto y lejano el horizonte.
Canoros pensamientos,
allá detrás del cerro,
casitas de adobe y piedra;
calles toledanas.
Allá en aquel pueblito de mañanas frías,
me quede.
Por los colores, por la gente, por los sabores.
-Paraje de altiplano, te espero en nuestro lugar.-
Aquel nido laberíntico, capullo de nuestros sueños
y nuestros desvelos primaverales.
Sin noticias, solo una que otra fotografía fría
y el recuerdo, el arrepentimiento y el hastío
de verte recorrer el mundo, lejos.
Y sin embargo aquí espero a que vuelvas,
en la misma casita de piedra, esperando que el
el umbral de la puerta dibuje tus formas de mujer.
Aquí soy lo más parecido a feliz.
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